jueves, noviembre 25, 2004

Who cares?

- Lo que me harta no son las multitudes, sino ese tipo de multitud que es totalmente indiferente a lo que he venido a decir. Puedes ir desde Nueva York hasta Londres sobre el océano, puedes estar sacando eternamente monedas de oro de la nada, y ni siquiera así conseguirás despertar su interés, ¿sabes?

Al decir esto, su expresión reflejó una inmensa soledad, la mayor que yo le había visto manifestar a un ser humano viviente. No mecesitaba alimentos, ni techo, ni dinero, ni fama. Lo que le mataba era el anhelo de comunicar lo que sabía, cuando a nadie le importaba en la medida suficiente para escucharle.

Frunciendo el entrecejo para no romper a llorar, le miré a los ojos:

-Bien, tú te lo has buscado -dije-. Si tu felicidad depende de lo que hagan los demás, supongo que estarás en aprietos.

Irguió la cabeza y sus ojos centellearon como si le hubiera pegado con la llave. De pronto pensé que no sería prudente incitarle a enojarse conmigo. Cuando te alcanza un rayo, te fríes en seguida.

Luego volvió a relucir su fugaz sonrisa.
-¿Sabes una cosa, Richard? -murmuró lentamente -. ¡Tienes... razón!

"Ilusiones"
Richard Bach

2 comentarios:

Bernar Mishkin dijo...

Un fragmento delicioso. Demasiados parecen estar cómodamente en la sala de espera de la vida, sirviéndose de la olla de la occidentalidad a pesar de que veces sea tan indigesta.

Saludos.
Descubrí tu blog buceando entre blogs.

Azul... dijo...

Es quizás el fragmento que más me repito
de este libro maravilloso que he releído
cientos de veces (textual), desde que llegó
a mis manos hace años...

Me lo digo muchas veces y hoy era uno de esos
días en que necesitaba volvermelo a decir...

Gracias por asomarte por aquí, Bernar...

=o)

Azul