domingo, enero 14, 2007

Día del Inmigrante... o ¿qué sabe nadie?

Hoy hemos ido a misa, Isabella renovaba sus votos del bautismo y los padres estuvimos allí para acompañar a los chicos que el próximo 1 de Mayo harán la Primera Comunión. Pero el tema no viene por ahí, sino por mi sorpresa cuando Don Pedro, un cura divino, un papá grandote por fuera y por dentro, pidió una oración por aquellos que, por una razón u otra, tuvimos que dejar atrás la Tierra que nos vió nacer... Hoy es el Día del Inmigrante...

La verdad es que hace tiempo tengo dando vueltas, dentro de mi, las ganas de escribir algo sobre ese tema, un tema que se me atraganta cuando escucho y leo opiniones sobre el tema de políticos y enteradillos que quieren legislar y opinar sobre el tema sin haberse tragado la experiencia que ello significa... Cuando pienso en este tema, me viene la canción de Manuel Alejandro, popularizada en su día por Raphael: "QUÉ SABE NADIE"... porque es así, porque nadie sino el que lo pasa, sabe los dolores, las nostalgias y la de lágrimas que uno se traga, aún a sabiendas de que no se tenía otra opción más que la de dejar atrás lo querido...

Nadie lo sabe, solo aquellos que un día intentamos sintetizar en una maleta o en dos o tres baúles, toda una vida, tarea por demás imposible, y dejar atrás aquello que nos es tan querido: puedo dar fe de ello... No vamos a ninguna parte para quitarle nada a nadie, nos vamos -cada historia con sus matices- tratando de buscar una vida nueva, con las mejores alternativas posibles para nuestros hijos y para nosotros mismos, para enriquecernos y enriquecer... algunos para salvar la Vida...

Qué bueno que en Venezuela mis padres, que son españoles, encontraran las puertas abiertas y tuvieran la posibilidad de forjarse con su esfuerzo, una buena Vida... nunca les escuché hablar de leyes de inmigración, ni de deportaciones... tampoco que fueran señalados por nadie...


Qué sabe nadie...

De mis secretos deseos, de mi manera de ser
De mis ansias y mis sueños...
¿qué sabe nadie?
De mi verdadera vida, de mi forma de pensar
De mis llantos y mis risas...
¿qué sabe nadie?

¿Qué sabe nadie
lo que me gusta o no me gusta en este mundo?
¿Qué sabe nadie
lo que prefiero o no prefiero en el amor?
A veces oigo sin querer algun murmullo
Y no hago caso y yo me río y me pregunto
¿Qué sabe nadie?
Si ni yo mismo muchas veces se que quiero?
¿Qué sabe nadie
por lo que vibra de emocion mi corazon?
De mis palabras, de mis intimos deseos
¿Qué sabe nadie?...

De aquello que me preocupa, que no me deja dormir
De lo que mi vida busca... ¿qué sabe nadie?
De por qué doy siempre el alma cuando me pongo a cantar
De por qué mis carcajadas... ¿qué sabe nadie?

8 comentarios:

Miguel Pinto dijo...

Me encanta este post, es tan cierto todo lo que dices. Sólo el que emigra conoce por todo lo que se pasa, es demasiado duro para explicarlo, pero como nuestros padres, heredamos su fortaleza, su ímpetu y sus sueños por lograr una vida mejor para nuestros vástagos, y ¿porque no? Para nosotros mismos, independientemente de donde sea.

Un abrazo Azul, fuerte y sincero.

vicky dijo...

Azul
Y que lo sabes tu...como dice la cancion... Mujer! suerte en todo lo que hagas o pienses y eres indetenible...

kriños
vicky

Anónimo dijo...

Es tan cierto lo que decís Azul. Sabés que en el 2001 se vivió una crisis tremenda en Argentina y muchos viajaron, principalmente a España y a Europa en general, a buscar una mejor vida.

No fue mucho tiempo después que escuché en los noticieros el comentario de las medidas que los italianos querían implementar para detener el ingreso de inmigrantes...

mientras la noticia seguía sonando, mi abuelo justificó la postura. Como habrá sido mi mirada, nieta de un italiano, ése mismo que había hablado.
Ese hombre de ochenta años que forjó su vida en una Argentina que le abrió las puertas cuando la postguerra carcomía de hambre a él y a su familia, y le dió trabajo, techo, tres hijos, cobijo, y un arraigo que nunca más quiso dejar.

Duele esa falta de memoria. Especialmente aquí, donde la mayoría de la población es una tercera o cuarta generación de europeos que necesitaron ayuda.
Y encontraron las manos tendidas.

Carlos dijo...

ànimo bella, quien juzga sin saber no ha aprendido nada en la vida
TQB

Azul... dijo...

Gracias a todos por sus palabras, me sentí arropada; la verdad es que desde hace tiempo quería escribir sobre el tema, pero no quería hacerlo desde las tripas, porque confieso que en los primeros tiempos en que el proceso de inmigrar es mucho, muchísimo más duro, ciertas actitudes me herían a morir y, a veces, es mejor no escribir con sangre...

¡¡¡Bessitos miles para cada uno!!!

Luis dijo...

Eso es, qué sabe nadie de las nostalgias y las lágrimas, la soledad, los sacrificios, las ganas, los planes, las nostalgias otra vez, un camino al que uno se obliga a recorrer cada día con la esperanza de que el huecote que se lleva en el corazón se llene o, al menos, te deje respirar de nuevo alguna vez

Qué sabe nadie

Anónimo dijo...

Tu post es maravilloso. Llego aquí a través del blog de Oscar (Omchamat) y me llevo una grata sorpresa.
Soy inmigrante argentina en Suiza, y además de todas las dificultades de los otros inmigrantes, es que la comunidad argentina aquí es casi inexistente y muy dispersa. Ser inmigrante es muy difícil, pero cuando no hay nadie con quien compartir los recuerdos, o una simple charla en tu lengua materna, es todavía peor...

Azul... dijo...

Luis, el huecote no se llena, pero se va haciendo llevadero, es una lástima que tanta gente no sea capaz de asomarse siquiera a lo que podemos sentir estando lejos de lo que nos es tan querido...

Mi querida anónima, gracias por tus palabras, si te sientes un poquito más acompañada aquí, serás bienvenida siempre que quieras. Si tienes oportunidad alguna vez, baja a España, te sorprenderás del crisol de acentos -incluído el tuyo- que encontrarás aquí, y aunque no es lo mismo que estar en casano es lo mismo, pero ¡cuánto alegra escuchar acentos de nuestro lado del charco!

¡Cariños!