domingo, abril 02, 2006

El Camino del tiro con arco...


Una acción es un pensamiento que se manifiesta.

Un pequeño gesto nos denuncia, de modo que tenemos que perfeccionar todo, pensar en los detalles, aprender la técnica de tal manera que se vuelva intuitiva. La intuición no tiene nada que ver con la rutina, sino con un estado espiritual que está más allá de la técnica.

Así, tras mucho practicar, ya no tenemos que pensar en todos los movimientos necesarios, pues éstos pasan a formar parte de nuestra propia existencia. Pero para eso, hay que entrenar, repetir.

Y por si no fuera suficiente, hay que repetir y entrenar.

Observa a un buen herrero trabajando el acero. Para un observador profano en la materia, está repitiendo los mismos martillazos. Pero quien conoce la importancia de la práctica, sabe que cada vez que levanta el martillo y lo hace descender, la intensidad del golpe es diferente. La mano repite el mismo gesto, pero a medida que se acerca al hierro, sabe si debe golpearlo con más dureza o más suavidad.

Observa el molino. Para quien ve sus aspas por primera vez, parecen girar con la misma velocidad, repitiendo siempre el mismo movimiento. Pero quien conoce los molinos sabe que están condicionados por el viento, y cambian de dirección siempre que es necesario.

La mano del herrero fue educada tras haber repetido millares de veces el gesto de martillear. Las aspas del molino son capaces de moverse con velocidad después de que el viento haya soplado mucho, y haya hecho así que se pulan sus engranajes.

El arquero permite que muchas flechas pasen lejos de su objetivo, porque sabe que sólo aprenderá la importancia del arco, de la postura, de la cuerda y del blanco tras haber repetido sus gestos miles de veces, sin miedo a errar.

Hasta que por fin llega el momento en que ya no hace falta pensar en lo que se está haciendo. A partir de ese momento, el arquero se convierte en su arco, su flecha y su blanco.

La flecha es la intención que se proyecta en el espacio.

Una vez que ha sido disparada, ya no hay nada que el arquero pueda hacer, aparte de acompañar su recorrido en dirección al blanco. A partir de ese momento, la tensión necesaria para el tiro ya no tiene razón de ser.

Por lo tanto, el arquero mantiene los ojos fijos en el vuelo de la flecha, pero su corazón reposa, y él sonríe.

En este momento, si ha entrenado lo suficiente, si ha conseguido desarrollar su instinto, si ha mantenido la elegancia y la concentración durante todo el proceso del disparo, sentirá la presencia del universo y verá que su acción fue justa y merecida.

La técnica hace que las dos manos estén dispuestas, que la respiración sea precisa, que los ojos puedan estar fijos en el blanco. El instinto hace que el momento del disparo sea perfecto.

Quien pase cerca y vea al arquero de brazos abiertos, acompañando la flecha con la mirada, verá que está quieto. Pero los aliados saben que la mente de quien ha hecho el disparo ha cambiado de dimensión, está ahora en contacto con todo el universo: continúa trabajando, aprendiendo todo lo que aquel disparo trajo de positivo, corrigiendo los posibles errores, aceptando sus cualidades, esperando para ver cómo el blanco reacciona al ser alcanzado.

Cuando el arquero estira la cuerda, puede ver el mundo entero dentro de su arco. Cuando acompaña el vuelo de la flecha, este mundo se le acerca, lo acaricia, y hace que tenga la sensación perfecta del deber cumplido.

Un guerrero de la luz, después de cumplir con su deber y transformar su intención en gesto, no tiene nada que temer: ha hecho lo que debía. No se ha dejado paralizar por el miedo, y aunque la flecha no haya alcanzado el blanco, tendrá otra oportunidad, pues no ha sido cobarde.

Paulo Coelho

4 comentarios:

Merche dijo...

Tal vez lo dejé en algún otro comentario, lo cierto es que sólo conocía a Coelho por la columna que publica en un semanal...
Bueno, ahora gracias a tí conozco un poco más.

Mil besitos :)

Manué dijo...

Me ha gustado tu bitácora; es de las pocas con poemas y letras de canciones que no me parece cursi. Volveré por aquí.

Azul... dijo...

Gato: todo un honor presentarte un poquito más a Coelho, yo me he leído todos sus libros y estoy esperando que me llegue el último, que es una edición solo para los miembros del Círculo de Lectores, a ver si me lo traen pronto y subo algo de allí, que seguro tiene su infaltable sustancia.

Don Manué: gracias por sus palabras y su visita, será bienvenido por estos humildes Azules siempre que guste. Si le gusta la poesía tengo otro lugarcito donde subo los versos que me gustan, se llama Más Azules y se va por el http://azulposía.blogspot.com

Besitos!!!

Cris dijo...

Hola Azul, perdóname que me entrometa, estuve navegando y di con tu blog. Me encantó, tienes mucho tacto para encontrar pasajes, frases, poemas y plasmarlos aquí. Te felicito.
Tengo un blog también, si te interesa lo visitas... Sólo trata cosas del corazón. Una historia de amor sin principio ni fin.

http://mycris.blogspot.com