sábado, septiembre 17, 2005

Imprecisiones...

Si en uno de esos coloquios vía satélite que están de moda se mepreguntara cuál es, a mi juicio, el rasgo distintivo del venezolano,no vacilaría en responder que la imprecisión, la indeterminación es nuestro signo capital.

Somos el país del más o menos, del más acaita y más allaita, más arribita y más abajito, en eso nos parecemos a los ingleses, que jamás dicen "near", sino "not far from" tal o cual parte, ni aceptan que ninguna cosa sea definitivamente buena, sino "not bad at all".

Pero nosotros vamos mucho mas allá, rozamos los limites delsurrealismo en nuestro comportamiento y lenguaje cotidianos. Cualquier extranjero que nos visite por primera vez enloquecería sioyera, como se oye corrientemente, a un electricista, plomero ocualquier técnico venezolano ordenando a su asistente:
"tráeme la vainita esa de bichar los perolitos del coroto", lo asombroso no es la terminología en si, lo increíble es que el ayudante comprenda perfectamente bien la orden y traiga exactamente lo que se le esta pidiendo...

Misterios de lalexicografía y la semántica venezolana. El mismo extranjero tal vez moriría en el intento si tratara decomprender la nomenclatura de nuestras ciudades. Para empezar, enlas urbanizaciones venezolanas, las casas no se identifican por números sino por nombres, los cuales suelen dar origen a grandes confusiones. Así, por ejemplo, siendo (por razones que desconozco) San Judas Tadeo uno de los nombres preferidos por la clase mediapara bautizar a sus viviendas, no es raro que en una misma callehaya seis quintas San Judas Tadeo, con la consiguiente desesperación de quien busque tal dirección.

Luego, tengamos en cuenta el estilo venezolano de dar las direcciones, rara vez un venezolano dice: "Avenida Betancourt, Edificio Lusinchi, tercer piso, numero 33", no, la forma habitual dedar la dirección es: Más alantico de la plaza Alfaro Ucero, pasadala panadería, un edificio blanco con unos ladrillitos arriba, junto a una casa rosada con rejas verdes, que tiene al lado una mata de mango", añadiendo de paso, alguna fórmula misteriosa como "del lado de allá, no como quien va, sino como quien viene".

En materia de tiempo, el venezolano es uno de los seres más indescifrables que existen. Solemos, por ejemplo, concretar una cita "en la tardecita" o "en la nochecita", pero nadie sabe a ciencia cierta qué es la tardecita, que para uno es la tarde a primera hora y para otros, la ultima parte de la tarde, ya cerca de la nochecita, que tampoco es un concepto claramente establecido (naturalmente, ¿cómo va a estar claro si es de noche?), pero en todo caso citarse a una hora es visto como algo desconsiderado y hasta reaccionario. Mejor se dice "a golpe de" o "tipo cuatro, cinco". "A las cuatro y pico en punto", que en todas partes es un chiste, en Venezuela es una hora que puede corresponder a una realidad.

No aspiro a que me lo crean, pero en una ocasión oí decir a un locutor de una emisora radial de provincia, anunciar la "hora legal de Venezuela: las cinco y media pasaditas".

Capítulo aparte merecen nuestras relaciones con los taxistas. Hay que ser extremadamente cuidadosos en los tratos con estos caballeros, que abolieron por su cuenta el uso del taxímetro, sin que el Gobierno chistara y sin que nadie sepa por qué sus vehículos se siguenllamando taxis.

Para contratar una carrera de taxi, el francés - pongamos por caso- sube en el coche y ordena: "25 rue Caucheman", el inglés hace lo propio e indica: "34 Peninton Road", y ya. El venezolano introduce media cabeza por la ventanilla del auto y pregunta: ¿Por cuánto más o menos me lleva a Prados del Este? es muy probable que el chofer le responda: "¿Prados del Este? Ah, no, yo pa allá no voy", y arranque obligándolo a saltar. En caso de que acceda, el pasajero no indica la dirección de su destino, sino que se dedica a guiar al conductor: "En el próximo semáforo a la derecha... en la esquina a la izquierda, otra vez a la izquierda y después derechito por la subida..." Agréguese a esto, como una muestra de nuestro gusto por la imprecisión, que aquí practicamos la curiosa costumbre de regatear con el taxista, que no pocas veces acepta hacernos alguna rebaja en el costo del servicio.

Y para cerrar el capítulo del transporte, recordemos que loscolectivos, aunque tengan paradas fijas establecidas, por lo regular no se detienen en ellas, sino donde lo exija el pasajero, según la fórmula universalmente aceptada: "Donde pueda, señor..."

Podría seguir citando ejemplos de nuestra afición por la imprecisión y la vaguedad, pero para no cansar a los lectores, concluyo con dos que considero pertenecientes al propio reino de la poesía.

En todas partes, para expresar el sentimiento que inspira cualquier hecho o circunstancia se suele decir, "me da miedo", "me da rabia","me da asco" o "me da" lo que sea según el caso, en Venezuela decimos "me da cosa"... ¿qué es cosa? ¡Vaya usted a saber!

El otro ejemplo parece extraído de alguna obra de Lewis Carrol: los venezolanos, solo nosotros y nadie más en el mundo, hemos inventado un término para designar el color más indefinido y difícil de nombrar de todo el universo: el color de "mono-corriendo".

Aníbal Nazoa


5 comentarios:

el brujo don carlos dijo...

¿Y usted qué opina doña Azul? ¿De verdad son ustedes así?

Besos

Max dijo...

Precisamente en la imprecisión está el secreto,en el hecho de ser precisamente imprecisos.Un pueblo tan rico en lenguaje y costumbres ¿para que necesita ser más preciso? :-)

besos

Azul... dijo...

El artículo no miente, Bruji, pero tampoco incluye otros aspectos maravillosos de mi pueblo, como son el tesón, la constancia, la alegría de vivir a pesar de las muchas dificultades, el ingenio, la dulzura y muchas otras cualidades que tienen (tenemos) los venezolanos...

Recuerdo que cuando regresé en Marzo pasado, después de 2 años de ausencia, me quedaba maravillada de la dulzura de la gente, la forma suave y bonita de decir las cosas, de ayudar, de llevar de la mano al que lo necesita... y mis amigos se asombraban de que yo enloqueciera con la ternura que recibía de propios y extraños, y es que al marcharme se me fue desdibujando lo linda que es la gente allá, lo cercana... y es algo que extraño mucho, aunque hasta ese regreso no me hubiese dado cuenta...

el brujo don carlos dijo...

No me extraña que añores la dulzura de tu gente. Hay que reconocer que los españoles somos bastante rudos, sobre todo en las grandes ciudades.

Azul... dijo...

Un inciso que no hice fue el de la puntualidad, porque ésa, en mi país, depende de cada quién... yo fui criada con un padre que tenía el bigben en la muñeca, porque llegaba siempre 30 minutos antes de la hora a todos lados, y eso sí que lo heredé de él =o)